Manteca de Karité

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El árbol del Karité nace salvaje en varios países de África: Senegal, Gambia, Nigeria, Mali y Burkina Faso. Está considerado como un árbol sagrado y sus frutos sólo pueden ser recolectados por las mujeres. Estas elaboran la Manteca, recogiendo y lavando las nueces de karité para triturarlas, tostarlas y molerlas hasta obtener una pasta. Esta pasta se calienta lentamente para retirar las impurezas a baja temperatura, para no perder sus propiedades y por último se filtra repetidas veces en agua.

Utilizamos la manteca de karité ecológica  en  muchos de nuestros cosméticos y productos de higiene por la cantidad de  propiedades beneficiosas que tiene para la piel y el cabello.

Es un regenerador celular que puede ser aplicado en cualquier parte del cuerpo aportando muchos beneficios gracias a su alto contenido en insaponificables (del 12 al 18%), que son fundamentales para mejorar la tonicidad de la piel, mantener su elasticidad y regenerarla.

También es muy rico en  vitaminas A y E, que hidratan y calman la piel, y vitamina F que revitaliza. Nos proporciona una dosis natural de colágeno que lucha contra los signos de envejecimiento; arrugas e imperfecciones de nuestra piel.

La Manteca del Karité, pese a su aspecto graso, no es comedogénica (no produce granitos) por lo que es ideal para el cuidado de todo tipo de pieles, desde las más sensibles a las más grasas.

Desde un grave problema como el SQM (síndrome químico múltiple), eccemas, rojeces o simplemente, que no es poco, tener una piel y un cabello natural, sano, hidratado y bonito el karité es un perfecto aliado para ello.

Es totalmente natural y todo el mundo la puede usar, desde bebés hasta ancianos, aplicándose sobre el rostro y el cuerpo, en manos, codos, pies, rodillas, labios y zonas íntimas.